La Central de Cabdella es una importante central eléctrica de la Vall Fosca, perteneciente al municipio de La Torre de Cabdella, que contiene un pequeño núcleo de población para sus empleados y que, con el paso del tiempo, se ha consolidado como un pueblo más del término, y de los más habitados.
Está situada al norte del término municipal, a pie de carretera. Tiene cerca y al norte el pueblo de Cabdella (único que está más arriba que la central). Dista 1,5 km. de Cabdella y 5,5 de la Torre de Capdella.
En el poblado de la Central de Capdella está la iglesia, moderna, de la Virgen de Montserrat. Al noroeste de la casería, se encuentran las ruinas de la iglesia de Sant Miguel d'Estaiposi.
En una parte de las instalaciones de la Central se encuentra el Museo Hidroeléctrico de Cabdella, perteneciente al Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, recientemente abierto al público.
El núcleo de población de la Central de Cabdella, convertido hoy en día un pueblo más del municipio, llegó a ser el más poblado, con 138 habitantes en 1970 y 132 en 1994. En 2005 es el cuarto, con 54.
Su población es fundamentalmente la relacionada con el funcionamiento de la central, pero se han ido estableciendo otros pobladores realizando tareas complementarias, como un pequeño hotel.
Fue la primera construida en Cataluña. Lo fue en el año 1914 por la compañía Energía Eléctrica de Cataluña, que la traspasó a la Canadiense al cabo de unos años. De esta manera la Canadiense (transformada más adelante en Fuerzas Eléctricas de Cataluña SA, FECSA) unificaba las explotaciones de la Vall Fosca con las del embalse de San Antonio, que construía en aquella misma época.
La central aprovecha las aguas del sistema del Estany Gento, a través de un canal de cinco kilímetros con un desnivel de 836 metros. Además, los servicios para tener al día toda la instalación incluyen un funicular que comunica la central con la cámara de carga, situada en la vertiente sur-occidentales del Montsent de Pallars, desde un una vía férrea sigue ras de canal hasta el lago Gento.
Tiene una potencia instalada de 26.000 kVA y una producción anual de 61 millones de kWh.
La Vall Fosca valle pirenaico donde discurre el río Flamisell en la comarca del Pallars Jussá, Catalunya, España. Hay tres pequeños valles: Ricuerna, Filià y barranco Estany Gento. El pueblo más alto es Capdella que se encuentra a 1420 metros de altitud. Otros pueblos la Pobleta de Bellveí, Estavill, Envall, Antist, Castell-Estaó, Beranui, la Plana de Mont-Rós, Astell, Oveix, Aguiró, Paüls, Pobellá, Mont-Rós, Molinos, la Torre de Cabdella, Aiguabella, Espui y la Central de Capdella.
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jueves, 18 de marzo de 2010
La Central de Cabdella es una importante central eléctrica de la Vall Fosca, perteneciente al municipio de La Torre de Cabdella, que contiene un pequeño núcleo de población para sus empleados y que, con el paso del tiempo, se ha consolidado como un pueblo más del término, y de los más habitados.
sábado, 26 de septiembre de 2009
La Vall Fosca , el esqui es la única solución y la crisis de Nozar
"Toda la vida habíamos soñado con un proyecto de estas características", dijeron los vecinos cuando se iniciaron las obras en la Vall Fosca. El proyecto era más que ambicioso: preveía una estación de esquí con 40 kilómetros de pistas en la montaña de Filià, un complejo de 2.400 plazas hoteleras y 965 viviendas de lujo en el núcleo de Espui, además de un campo de golf de nueve hoyos, un aparcamiento para 2.400 vehículos, un centro de convenciones y equipamientos para el ocio.
Hoy, a la espera de la nueva temporada de esquí, el paisaje está lleno de cicatrices y de escombros en medio de grúas inmóviles. Cuando Martinsa anunció el proceso concursal, estaba levantando 96 apartamentos. De ellos, casi la mitad estaban acabados o en la recta final. También estaba casi terminado el campo de golf y se había ejecutado el 40% de la infraestructura de las pistas. Pero las calles se han quedado a medio urbanizar y la maleza ha invadido el campo de golf, donde ya no se distinguen las zonas de green. Los vecinos se muestran decepcionados y creen que el pan para hoy puede ser hambre para mañana si la situación se alarga.
Cuando Martinsa anunció que iba a crear un complejo turístico y residencial en 2005, a los habitantes del valle (700 personas repartidas en 19 pequeños núcleos) se les abrieron los ojos creyendo que se harían de oro. Y a la constructora no le resultó laborioso convencerles de que vendieran sus prados, a cambio de cantidades generosas. Todos cobraron en su momento, pero nadie sabe cuánto percibió su vecino. La actividad constructora se hizo frenética y el proyecto debería estar listo al inicio de la próxima temporada de esquí, junto con 1.300 plazas hoteleras. Nada de eso se ha cumplido.
El hotelero Josep Maria Llebot asegura que la parada de las obras ha sido un duro golpe para toda la gente de la comarca. "Aquí, con el turismo de verano nos iba muy bien, pero con tres o cuatro meses no nos daba para vivir todo el año. El esquí es la única solución. Los que vivimos aquí vemos las cosas de forma diferente a como lo hacen quienes vienen a pasar una semana", señala en alusión a los ecologistas, defensores de otro modelo de desarrollo para el Pirineo.
Martinsa Fadesa, que en 2008 protagonizó el mayor concurso de acreedores hasta entonces en España y ha dejado una legión de acreedores y afectados, ve posible reanudar los trabajos en cuestión de meses. Depende de si logra desbloquear la situación concursal que tramita el Juzgado número 1 de lo Mercantil de A Coruña. La empresa está dispuesta a escuchar "ofertas serias" de otros grupos que quieran adquirir los activos de la estación. "Lo que no haremos nunca será vender por debajo del precio de mercado", indica la sociedad.
El alcalde de La Torre de Capdella, Josep Maria Dalmau, se muestra optimista y cree que el proyecto seguirá adelante porque Martinsa está interesado en él y durante este tiempo ha continuado la actividad inmobiliaria en otros lugares. "Desde el Ayuntamiento, al igual que se está haciendo desde la Generalitat, lucharemos para que las obras continúen, con esta empresa o con otro grupo inversor", señala Dalmau.
A pocas decenas de kilómetros de distancia, el concurso de acreedores presentado hace pocos días por la inmobiliaria Nozar, que no ha podido refinanciar una deuda de 700 millones de euros, proyecta sombras sobre el futuro de la estación de esquí Boí-Taüll Resort. La empresa de Luis Nozaleda es propietaria del 98% de las acciones de la estación. Los bancos acreedores exigieron que la inmobiliaria aportara garantías adicionales para poder aceptar el plan de viabilidad, algo que la empresa no pudo lograr al tener la mayoría de sus activos hipotecados o pignorados.
La estación de esquí propiamente dicha ha quedado fuera del concurso de acreedores y se ha visto arropada recientemente por un aval de 2,2 millones del Instituto Catalán de Finanzas (ICF) a un crédito que tres bancos le habían concedido para que pudiera funcionar con autonomía propia la próxima temporada. La Generalitat, que descarta adquirir la estación como antes hizo con las de Espot Esquí y Portainé, vería con buenos ojos una posible unión de los dominios esquiables de Boí Taull y la Vall Fosca, como ya preveía el Plan de la Nieve presentado hace algunos años. Boí-Taüll nunca ha visto con buenos ojos la propuesta. Los responsables de la estación aseguran que el futuro del complejo está garantizado con independencia de que pueda cambiar de propietario. Y eso tiene visos de ocurrir: Boí-Taüll figura como garantía de pago de una deuda de 135 millones que Nozar tiene con la inmobiliaria Colonial, controlada por La Caixa y el Banco Popular. En realidad, hubiera pasado ya a sus manos si Colonial no se hubiera avenido a renegociar esa deuda en enero pasado. En los últimos meses la estación ha presentado un expediente de regulación de empleo que afecta a 16 trabajadores y ha decidido cerrar hasta diciembre los seis hoteles, con un total de 1.200 plazas, que tiene en la zona "para reducir gastos", según ha reconocido su consejero delegado, Jordi Sabaté.
El futuro de este complejo invernal, propiedad de Nozar desde 2004, ha creado inquietud en el valle porque ven peligrar 400 puestos de trabajo directos. No parece excesivamente preocupado el alcalde de Boí, Joan Peralada, sabedor de que la estación abrirá la próxima temporada. "La situación no es agradable, pero estamos tranquilos porque el crédito avalado por el ICF garantiza su funcionamiento. Para tener unos resultados económicos como los de la pasada temporada, sólo hace falta que nieve".
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